Humahuaca, la gran hazaña del coronel Arias y sus gauchos

MONUMENTO A MANUEL ARIAS EN HUMAHUACA
MONUMENTO A MANUEL ARIAS EN HUMAHUACA

Este 1° de marzo se cumplirán 197 años del combate de Humahuaca librado en 1817, uno de los hechos más significativos de la Guerra de la Independencia que tuvo por protagonista al coronel jujeño Manuel Eduardo Arias, quien con una pequeña tropa cayó sobre la ciudad ocupada por poderosas fuerzas realistas, obteniendo una victoria que conmovió a las Provincias Unidas y redujo al fracaso la llamada “Gran Invasión” del mariscal José de la Serna.

Vuelto al trono de España, el rey Fernando VII tomó la decisión política de recuperar los territorios de América para la corona. Con este objetivo formó un ejército real de gran magnitud poniendo a su cargo a los más destacados jefes militares que habiendo vencido a Napoleón, estarían prontos a trasladarse a América con sus principales oficiales con armados y abastecidos regimientos, desembarcando en el puerto de Arica con una tropa de 3000 hombres, los que debían unirse al experimentado ejercito que ya combatía con éxito al mando de Morillo en el norte, el que había vencido a Napoleón y ahora a Bolívar, mandando sus mejores unidades de batalla desde Venezuela y Nueva Granada para unirse en un gran ejército con un plan ofensivo de gran escala, bajo el mando del mariscal de campo general José de la Serna. Este jefe planificó meticulosamente su campaña para lanzarse hacia Buenos Aires y plantar la bandera española en su puerto en un plazo que no superaría un año, acabando con todas las resistencias y fundamentalmente con la revolución que en Tucumán había declarado la Independencia. Para ello su plan era pacificar el Alto Perú, combatir a las milicias de Güemes, derrotar a Belgrano en Tucumán y avanzar sobre Buenos Aires.

Sus fuerzas estaban compuestas por veteranos: el Regimiento de Gerona; el de Extremadura; los Húsares de Fernando VII; Los Dragones de la Unión; 130 artilleros y el Batallón General, que componía su propia guardia altamente seleccionada.

Para la acción designó al brigadier Pedro Antonio Olañeta como jefe de vanguardia por su experiencia, aptitudes de combate y conocimiento del terreno. La invasión sumaba un ejército expedicionario, otro de ocupación y otro de reserva.

Al inicio de la campaña, La Serna contaba con un ejército de 7284 hombres cuya vanguardia seleccionada de 3400 efectivos operaría con contundencia en esta misión, la que comenzó a actuar en los últimos meses de 1816 logrando tomar Yavi el 15 de noviembre cayendo por sorpresa en esta localidad.

Así Olañeta inició su marcha sobre Humahuaca concretando la planificada acción; para ello, adelantó al capitán Antonio Seoane, quien logró capturarla el 23 de diciembre de 1816.

La invasión de La Serna, llamada “La Gran Invasión”, había sido programada en su logística con establecer en Humahuaca una base operativa que permitía el avance y la infraestructura militar y mantener la comunicación con el Alto Perú y sus avanzadas, para lo cual debía asegurar la guarnición y las zonas aledañas. Para tal fin se seleccionó en el poblado los lugares de depósito de bagajes, el alojamiento de la tropa, el hospital de campaña, con una fortificación de artillería y una guarnición de 150 hombres del batallón de Cuzco y el famoso e invicto regimiento de Picoaga, perfectamente armado y municionado.

Al tiempo que esto ocurría, el teniente coronel Manuel Eduardo Arias, luego de la partida de Marquiegui a Orán, había recuperado y adueñado todo el valle de San Andrés y la vía de Zenta hacia Humahuaca, abriendo el contacto con Uriondo hacia el Alto Perú.

Arias, con el domino visual del movimiento de las tropas invasoras, registró la ubicación de cada unidad y guarnición defensiva y las obras realizadas para su defensa, con lo cual elaboró un osado plan de ataque para recuperar el poblado y destruir el baluarte y base del enemigo, para lo cual mandó infiltrados a las filas enemigas haciendo un relevamiento exacto de cada posición dentro de la ciudad.

El 27 de febrero recibió de Güemes la autorización para la operación sobre Humahuaca por lo que reunió a sus hombres con los que instaló un pequeño campamento en Rodero, a escasos kilómetros de Humahuaca mientras él se acercaba para verificar cada detalle de la acción.

De regreso ordenó a sus hombres la marcha nocturna bajo la tormenta que permitió la mayor oscuridad para llegar el 29 de febrero a 4 kilómetros del objetivo.

Arias distribuyó su gente en tres columnas; las primera a cargo de Hilarión Rodríguez con 50 milicianos, quienes debían capturar la batería de artillería; la segunda con igual número de hombres a cargo del teniente Manuel del Portal que debía asaltar y capturar el cuartel y la iglesia donde estaría descansando la tropa. Arias actuaría al mando de la reserva en la tercera columna apoyando a ambas.

En la madrugada del primero de marzo, sigilosamente, fueron copando sus objetivos infiltrándose con precisión. Con enorme disciplina, coordinación, preparación y sangre fría los milicianos iniciaron el ataque con los muy pocos mosquetes que poseían, ya que en su mayoría solo tenían armas blancas y muchos solamente palos.

El grupo de Rodríguez en una sola descarga y al grito de ¡Viva la Patria! cayó sobre la batería de artillería ante los sorprendidos soldados realistas, al igual que la segunda y tercer columna. Casi la mitad de la tropa fue aniquilada tomándose 83 prisioneros, 7 cañones, 100 mosquetes, pólvora, banderas y abundante munición, dinero y ganado en pie. La gran cantidad de parque capturado al no poder ser trasladado por su volumen, fue inutilizado o enterrado. El ejército realista había perdido toda su base logística y su comunicación con el Alto Perú.

Inmediatamente, la tropa de Arias se retiró por la serranía de Zenta, dejando en el sitio un tendal de muertos. Tres días después, enterado La Serna de su sensible baja, envió varias columnas en persecución de Arias con la firme convicción de poder rescatar los prisioneros y aniquilar las milicias patriotas.

El “golpe de mano” en Humahuaca, como así se lo denomina militarmente, fue uno de los hechos de armas más significativos de la Independencia ya que marcó el principio del fin de la “gran invasión” que al no poder mantener el invasor su retaguardia y comunicación con el Alto Perú, comenzó a derrumbarse en su poderío, no pudiendo sobrepasar Salta por el terrible castigo infringido por esos gauchos que tanto despreciaba.

En el plazo de un año en que había planificado su campaña para llegar a Buenos Aires, el mariscal realista debió regresar a Tupiza montado en el único caballo que a su tropa le quedaba; maltrecho, diezmado y escarmentado, habiendo podido recorrer solo escasos 300 kilómetros finalizando su periplo militar con la Batalla del Valle de Lerma.

Su regreso fue terriblemente penoso, golpeado con toda furia y en forma permanente desde Perico hasta Humahuaca.

Fue tan importante la acción de Humahuaca que Belgrano hizo acuñar una medalla para cada uno de los jefes dándole el título de los “héroes de Humahuaca” para su gloria eterna. Fueron ellos el coronel Manuel Eduardo Arias, el capitán Hilarión Rodríguez, el alférez Manuel del Portal, el sargento José Ontiveros y el capitán Juan Pablo Mariscal.

A pedido de Pueyrredón, el general Belgrano diseñó una estrella heráldica militar de 5 puntas por el glorioso triunfo de Humahuaca. Arias fue ascendido a teniente coronel y se le otorgaron medallas de oro a los cinco oficiales y de plata a los demás. Los soldados debían llevar en el brazo una cinta con la inscripción: “La Patria a los vencedores de Humahuaca”.

Instituto Belgraniano de Jujuy.

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