#Jujuy, a la deriva: el hospital de Yuto no tiene médicos y crece el narco-vandalismo

El régimen de violencia, corrupción e impunidad que viene sumiendo a Jujuy en el más cruel de los atrasos como provincia argentina, vuelve a golpear a los pobladores del interior profundo. Esta vez, es el turno de Yuto, pueblo ubicado en el extremo Noreste de la provincia. Sufre el mal crónico de la falta de médicos, y la gente, como lo hizo en otras oportunidades, se organiza para reclamar respuestas al gobierno provincial.

Si bien es cierto que la Dirección del hospital público San Miguel es relativamente reciente, la carencia de profesionales de salud viene de larga data. El problema le explotó en las manos a la médica Ana María Vivanco y al personal del hospital que ya no sabe cómo contener la bronca de los sectores populares que buscan atención y que en Yuto no la encuentran.

El lunes 29 de junio, los maltratados habitantes del pueblo frutihortícola –donde posee fincas el ministro de tierra y Vivienda, Luis Horacio Cosentini– se reunirán en el hospital a partir de las 10 de la mañana para dar inicio a una protesta por la falta de médicos. “Las autoridades ministeriales tienen conocimiento de nuestra situación y nos prometen solucionar el problema desde hace varias gestiones, sin ninguna respuesta”, señala un comunicado dirigido a la población que, según se indicó, está enardecida: la gente se levanta a las 4 de la mañana para sacar turno –haga frío o calor- y al llegar la hora de atención les dicen que no hay médicos. Es la misma falta de respeto que se ve en otros pueblos y en la misma capital provincial.

Este lunes, el hospital San Miguel no atenderá por consultorios, sólo las urgencias por guardia. La gente llevará carteles y pancartas para tratar de que el gobernador Eduardo Fellner y sus funcionarios  cumplan –aunque sea tardíamente- con sus promesas de salud y seguridad.

Droga y vandalismo hacen estragos en el pueblo

El otro reclamo que se sumará a la movida de los vecinos será el de seguridad. Desde hace tiempo, el pueblo viene sufriendo violentos hechos delictivos, sin que se hayan tomado medidas de ninguna naturaleza: ni para contener socialmente el flagelo de la droga ni para reprimir el delito que se origina a partir del tráfico y del consumo.

Para muestra, basta un botón: el jueves pasado, en horas de la noche, un grupo de menores de edad tomaron virtualmente de rehenes a vecinos del centro del pueblo, por espacio de dos horas. Armados con machetes, ladrillos y –según dicen los vecinos- armas de fuego, intentaron ingresar por la fuerza a un grupo de viviendas, movidos por un demencial espíritu criminal.

Rompieron todo lo que estuvo  a su alcance, mientras forzaban puertas y corrían por los techos. Destrozaron vidrios, vehículos, focos, y en un frenesí pocas veces visto, se abalanzaron contra las paredes y las ventanas  de las casas.

“Era como una guerra. Están esperando matar o morir”, dijo una vecina. ¿La policía? Bien, gracias.

Yuto. Varios funcionarios del gobierno provincial hacen negocios con el pueblo.
Yuto. Varios funcionarios del gobierno provincial hacen negocios con el pueblo.
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