Romanismo

Cristina Romano
Cristina Romano

La diputada “alfonsinista yrigoyenista” Cristina Romano, decidió abandonar las filas de la Unión Cívica Radical y migrar al Frente Unidos y Organizados, debido a cuestiones ideológicas y políticas. “Para quien ha militado toda la vida en el campo popular y de los derechos humanos, resulta imposible compartir un mismo espacio con el Ingenio Ledesma o con Mauricio Macri, cómplices en el primer caso del Terrorismo de Estado y del saqueo de la Argentina en el segundo. Que la UCR, al aliarse con los sectores conservadores y neoliberales, rompe con su historia y con sus principios. Por eso, para seguir siendo radical, nacional y popular, Yrigoyenista y Alfonsinista, es que la compañera Cristina Romano dejó la UCR y se incorporó al Partido de la Concertacion Forja”, dicen, en un comunicado.

Para quienes no lo saben, Cristina es una perseverante militante del “romanismo” (concepción que nada tiene que ver con el derecho romano, ni con el movimiento pictórico, tampoco con la filología románica o lenguas romances), doctrina seguida por ella desde su más tierna juventud, consistente en ocupar bancas y vivir de la política para mejorar la vida de la gente (especialmente de la gente más próxima a ella, digamos, hijos y parientes). Así, fue concejal en tres oportunidades, para luego brillar desde las listas del radicalismo en la legislatura. Como los radicales tienen pasión por la repitencia, le hicieron un lugarcito en las listas de diputados en… ¡cuatro oportunidades! Con los doce de concejal lleva entonces la módica suma de 28 añitos ocupando distintas bancas gracias al partido centenario.

Fue de las cándidas que acompañaron a Julio Cobos en aquella aventura en busca de la prometida mayor calidad de nuestras instituciones (donde le sintió el gustito al kirchnerismo). El maná nunca bajó del cielo así que tuvo que volver con la cabeza gacha pero manteniendo incólumes sus principios (básicamente ocupar cargos bien rentados).

En el lejano y aciago 2011, cuando Ricardo Alfonsín concretó el acuerdo con el heredero de Casa Tía, Romano evidenció un gran poder de convencimiento al revés y no se vio perturbada como ahora por el citado pacto con el empresario liberal peronista. Fue el momento (desde su banca) de hacerle el aguante a sus golpeados correligionarios.

Como miembro de la bancada radical no perdió ninguna oportunidad de firmar y convalidar declaraciones contra la líder de la organización barrial (su jefa, a partir de ahora) Milagro Sala, expresiones que incluyen habitualmente principios del preámbulo y – siempre- alusiones a “la violencia”, “el clientelismo”, “la intolerancia” y la falta de controles del estado de las organizaciones sociales (era lo que firmaba, y supuestamente pensaba la ex Cristina).

Dicen las buenas lenguas que se habría enterado de una alianza entre el radicalismo y la Empresa Ledesma (además de una versión de que no renovaría su banca, este último, un tema menor), lo que la llenó de estupor, indignación y afiebrado fervor progresista, haciéndola descubrir la errónea posición de sus últimos 28 años (es de sabios rectificar, no importa el tiempo que se haya perseverado en el error). Por eso, sin perder ni un minuto, y con la ayuda de la famélica agrupación Forja (ella nunca leyó a Jauretche) concretó su ansiada liberación del eje del mal (Ledesma, Macri, Yeraldín) y su rápida adscripción al movimiento de Milagro.

La provincia de Jujuy, luego de 16 años de fellnerismo directo e indirecto, ostenta los peores índices sociales del país (en todas las mediciones estamos entre las cuatro provincias más sumergidas). Ciento veinte mil planes sociales, cincuenta por ciento de la población pobre o indigente, cincuenta mil jóvenes que no trabajan ni estudian, la mitad de la población económica activa desempleada o en negro. En cuanto a la tirria con Ledesma, qué sería del departamento homónimo de no ser por los cinco mil empleos que sostiene la misma pese a todo tipo de vicisitudes. Para dar sólo un ejemplo de su poder demoníaco: en los últimos quince años el estado construyó en Libertador la módica suma de 500 viviendas. Ledesma estará completando en menos de tres años 1000 (financiados hasta ahora por ellos mismos). Si Ledesma no existiera, seguramente se practicaría en la zona diversas formas de canibalismo desconocidas hasta ahora.

Cristina decidió migrar con mucha fe, a la aventura de luchar por un nuevo mandato de Eduardo Alfredo (el gestor del milagro jujeño al revés). A salvo estará de pitucos aristócratas y terratenientes (como los principales dirigentes de la UCR) y se refugiará en el campo progresista y popular, donde compartirá un espacio con Milagro, sí, pero también con Jenefes y el llamado peronismo rubio (amantes de la cultura alemana, Mercedes, BMW, AUDI, nunca un Wagner o un Goethe, se sabe).

Cristina podría haber concretado un borocotismo digno, controvertido pero con ciertos principios. Podría haber dejado la banca ante el horroroso acuerdo radical con Macri. Lo pensó, lo meditó, lo caviló, pero luego (como Newton con la manzana) llegó a la conclusión de que aquel principismo era imposible: no tendría para pagar el alquiler.

Cristina Romano, ferviente cultora del romanismo, sin dudas un personaje paradigmático de este tiempo.

JS

 

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