“En el radicalismo, encontré que las causas por derechos humanos pueden cristalizarse”

María Inés Zigarán
María Inés Zigarán

María Inés Zigarán, destacada comunicadora, con una indiscutible trayectoria de militancia por los derechos humanos, integra la lista de candidatos a diputados provinciales de la UCR. Considera que la vulneración de derechos de los beneficiarios de planes sociales son delitos que deben ser enjuiciados.

-¿Qué sentiste cuando te propusieron ser candidata a diputada provincial?

-Una enorme conmoción, en principio. Es un honor representar a mi partido y en el primer lugar en la lista para las mujeres, de acuerdo a la cultura institucional que estableció la Ley de Cupo que se aprobó en nuestra provincia. Además, es una enorme responsabilidad en el marco de un contexto político de enorme tensión, como el que vivimos, donde se ha destruido, prácticamente, la cultura democrática, y donde, además, hay un enorme clima de violencia. Lo estamos viendo casi todos los días con campañas sucias y con una serie de prácticas que no tienen que ver con la naturaleza de la política, que es la discusión de las ideas y el debate de las cosas públicas, sino que tienen que ver con cosas absolutamente distintas. Tengo la responsabilidad de expresar los intereses de una diversidad de partidos que confluyen en el Frente Cambia Jujuy; nosotros estamos en una lista el radicalismo junto al socialismo, un partido que pertenece al mismo espacio progresista de centro izquierda al que pertenece el radicalismo.

-¿Cómo es tu historia personal con el radicalismo?

-Yo venía trabajando como técnica en el espacio radical desde el año 2005, en la Legislatura como asesora en el tema derechos humanos y en cuestiones de comunicación parlamentaria. Recién en el 2008 resolví que era un espacio con el que yo me sentía identificada, no sólo por la doctrina y por la historia del partido, sino porque era un espacio donde yo sentía que los proyectos y las ideas vinculadas al tema derechos humanos podían cristalizarse. De hecho, eso es lo que ocurrió cuando yo empecé a trabajar en la Legislatura, la mayoría de las leyes vinculadas al tema de la memoria, la verdad y la justicia las motorizamos desde el Bloque Radical, pusimos en debate cuestiones fundamentales vinculadas a derechos indígenas, derechos de las mujeres.

-¿Antes de eso, qué hubo?

-Yo vengo de la sociedad civil, no sólo del ejercicio del periodismo sino de la militancia en diversos espacios que tienen que ver con los movimientos de las mujeres, con las cuestiones indígenas. Estuve mucho tiempo trabajando con Rosario Quispe, en la Asociación Warmi. Posteriormente en el COAJ, con Natalia Sarapura, acompañando procesos de empoderamiento de pueblos indígenas. He trabajado, además, con poblaciones de la diversidad, vengo de las causas vinculadas a la equidad de género, también del espacio de lucha por la libertad de expresión, desde FOPEA y desde otros espacios locales que armamos con otros periodistas, defendiendo siempre las libertades públicas referidas al periodismo, pero también al derecho a la libertad de información de los ciudadanos. Yo, en el radicalismo, encontré que esas causas podían cristalizarse en cuestiones concretas legislativas y por eso en el año 2008 me afilié al radicalismo.

-¿Podemos entender que, siendo la primera vez en un cargo, no sos una persona sin experiencia?

-No, porque, insisto, venía de un trabajo previo vinculado a la cultura de los derechos humanos, y venía acompañando procesos legislativos en el Bloque Radical. He tenido siempre como una vocación política dentro del periodismo, política no en el sentido partidario, sino en el sentido de comprender el espacio público, de indagar y de cuestionar las tensiones que se producen ahí, el funcionamiento de las instituciones. La política no me ha sido nunca ajena, ni en la sociedad civil ni en el periodismo; es como parte de esas actividades, solamente que en otra dimensión. Creo tener herramientas para poder desarrollar el trabajo legislativo. De hecho, creo que por eso también se me confía el lugar en la lista. Espero hacerlo bien y responder a las expectativas de la sociedad.

¿Qué visión tenés de quienes reniegan de la política, de los políticos, de las instituciones?

-Yo creo que quienes estamos en este momento en la actividad política, los legisladores, los funcionarios, todavía tenemos una enorme deuda con la sociedad, en el sentido de acercar la gente a las instituciones y al trabajo de la política institucional, que tiene que ver con muchas cuestiones. La destrucción de la confianza pública que ha ocurrido en las últimas décadas tiene que ver, también, con la gestión del Estado. En el caso particular de la provincia de Jujuy, puedo ver claramente esa disociación entre la sociedad civil y el gobierno. Lo que ocurrió es que se ha configurado una gestión gubernamental alejada de la gente, que no ha sido capaz de escuchar las demandas sociales, que no ha generado los ámbitos necesarios para poder no sólo escuchar e interpretar las demandas, sino también para aprovechar esa enorme inteligencia colectiva que hay en la sociedad. Y por supuesto que un gobierno que responda de esta manera, no es un gobierno que pueda responder eficazmente a las necesidades de la gente. Y frente a esto hay una sociedad que reacciona de diferentes maneras: o con indiferencia, por la enorme desconfianza con los gobiernos, o reacciona demás a través de la acción directa. Con el desarrollo de la democracia, también ha habido un desarrollo de las capacidades de la sociedad civil para convertirse en interlocutores eficaces frente a los gobiernos. En Jujuy, ese proceso no se ha dado hasta el momento, y me parece que esa disociación entre Estado y sociedad es la que provoca, en parte, esa desvinculación y profundiza esa desconfianza hacia la clase política. Tenemos muchos retos pendientes, y es lo que desde el Frente Cambia Jujuy venimos diciendo, de construir una forma de gestión pública distinta, un gobierno abierto, un gobierno sensible y atento a las necesidades de la gente, un gobierno en diálogo permanente con la sociedad civil, que además toma los aportes de la sociedad civil y los traduce en término de políticas públicas.

-¿Le hace mal a la democracia este exceso en la protesta?

-Es connatural a la democracia la tensión, el conflicto, la protesta. Yo tengo un aprecio por esas prácticas porque, aparte, yo vengo de la sociedad civil donde hemos desarrollado ese tipo de práctica. Lo que creo es que estamos en un estadío más avanzado de la democracia, donde las formas de incidencia de la sociedad civil en el Estado deben poder ser más productivas, en el sentido de poder desarrollar una cultura que nos permita salir de la confrontación y exclusivamente del corte de rutas, de la manifestación. Hay que reconocer que ha habido como una deformación de todas esas prácticas, en Jujuy hemos sufrido una cultura de la prepotencia, de actitudes patoteriles que no construyen; es legítima la protesta, pero también la protesta tiene un marco democrático en el cual debe desarrollarse. En Jujuy es fundamental reconstruir las posibilidades del diálogo social. Creo que esta configuración de gobierno que yo señalaba y cuyos responsables son el grupo actual de gobierno que encabeza Eduardo Fellner y del que forma parte Milagro Sala, entre otras cosas, ha corroído el diálogo social, han destruido la convivencia democrática y esto es un factor que hay que resolver.

-¿Se puede resolver esto?

-Sí, por supuesto que se puede resolver. Y esto debe ser un compromiso de todos, de toda la sociedad. Creo que el 25 de octubre, una de las cosas que se decide, es también esto: en qué sociedad queremos vivir, si queremos seguir profundizando esta sociedad de la confrontación, de la violencia, del caos, del desgobierno, o si queremos volver a vivir en una sociedad que valore la paz social, la convivencia democrática, el respeto por la ley, la administración de justicia, que le ponga fin a la impunidad, porque en Jujuy han pasado muchas situaciones vinculadas a delitos de corrupción y otras violaciones masivas de derechos humanos que hasta ahora están impunes. En esto, nos anima un profundo sentido de la justicia y de la verdad. Mi opinión es que nada de lo que ha pasado en Jujuy debería quedar impune, ni los delitos vinculados a la malversación de fondos, la corrupción, ni tampoco los otros delitos cometidos sobre las poblaciones que están bajo los planes sociales. Son poblaciones que han sido sometidas a través de un sistema opresivo que ha incluido diversas prácticas: el cercenamiento de derechos civiles y políticos, además formas de violaciones a los derechos humanos, que diría asimilables casi a la tortura. Yo creo que nada de esto debería quedar impune y debería haber justicia sobre esto, no como una forma de venganza, sino como una forma de señalar lo que no debe ocurrir nunca más.

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