Era cuestión de tiempo: el comité por la libertad de Sala mostró su intolerancia y odio

Sólo era cuestión de tiempo, porque se trata de la misma matriz violenta e intolerante que campeó en Jujuy durante la última década: el grupo de presión (conocido como “comité”) por la libertad de Milagro Sala, mostró que usa las mismas tácticas de la procesada por asociación ilícita, fraude y extorsión, al atacar verbalmente -y en patota– al fiscal de Estado, Mariano Miranda, y al fiscal Anticorrupción, Joaquín Millón, durante una visita que ambos funcionarios realizaban a la ex-Esma.

Adictos a las burocracias sindicales corruptas, valijeros del odio político, los supuestos defensores de los derechos humanos de Milagro Sala demostraron que lo que menos les interesa es la convivencia democrática. Mientras que el Poder Judicial y la totalidad de los jujeños coincide en que Sala debe estar presa preventivamente por los delitos que se le imputan, grupos afines al clientelismo y a la coerción como modo de acción política, hoy, al igual que ayer la propia Sala, salen a intimidar e insultar a los funcionarios encargados de proteger los intereses del Estado provincial e investigar la corrupción.

“Hacés la misma persecución que hacían los genocidas”, le gritaron a Miranda, haciendo, de este modo, apología del odio, intentando así ocultar la corrupción estructural que laceró las vidas de los jujeños durante la década robada. Esos militantes del resentimiento nunca acompañaron a las reales víctimas de Milagro Sala en Jujuy. No les interesó ni les interesa. Escupen consignas gratuitamente. Piden que liberen a una de las grandes delincuentes de Jujuy y así convalidan el autoritarismo con el que manejó su poder paraestatal en la provincia. Es decir, la dictadora era la propia Sala. Ejerció un reinado de odio, violencia y corrupción.

Al reclamar libertad para Sala, ese comité busca condenarnos a los jujeños a volver a la esclavitud. Sin embargo, fue el cambio de gobierno en Jujuy lo que logró la emancipación de miles de personas, ya que la cínicamente llamada “presa política” había metido presos a muchos en su cárcel del clientelismo y de la pobreza. El que se rebelaba, era torturado, reprimido, despojado y expulsado del sistema de magros beneficios sociales. Fuera de la provincia, a pocos les interesó este tema y hoy algunos K canalizan su frustración política en esa idea tan fanática como absurda de adjudicar categoría de mito a la figura de Milagro Sala. Es un insulto a la jujeñidad.

A los funcionarios jujeños les gritaron “genocidas”. Antes, esos chicos “valientes” deberían mirar la historia reciente para ver quién dejó un tendal de víctimas en Jujuy y cómo se manipuló y privó de derechos a las masas populares. Ahí no había librepensamiento que valiera. Ahí las personas no eran tratadas como individuos o sujetos de derechos, sino como simples miembros de un grupo.

Algunos creen que mentir para proteger a una persona de un opresor está permitido. Pues bien, los defensores de Sala deben saber que ellos están mintiendo para proteger al opresor. Es una extraña variante del populismo. Es una fuerte contradicción política, en la que hoy, de todos modos, parecen hallarse muy cómodos. Pero que mina día a día sus endebles métodos propagandísticos.

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